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15. El Valle del río Zaña, donde la selva se encuentra con la costa

Septiembre 22, 2009

En el articulo publicado por Antonio Brack Egg en 1986 en el Boletín de Lima titulado “Las Ecorregiones del Perú”, se hablaba de una porción de “Selva Alta” en la parte occidental de los andes del norte del Perú, muy cerca de la costa. Esta nota llamó poderosamente mi atención, así como seguramente ya lo había hecho con muchas otras personas e investigadores. Indagando un poco mas, esta “Selva” resultó estar en la parte alta del río Zaña (y además, Jequetepeque y otros ríos hacia el norte). Hace poco estuve recorriendo esta cuenca, la cual resultó ser un lugar realmente digno de conservarse.   

  Alto Zaña 275

 (Fotos de Michell León (aves) y Fernando Angulo)

Los viajes de Watkins y Koepcke

Los primeros pasos ornitológicos de la parte alta del valle del Zaña fueron dados por H. Watkins, quien visitó la zona en 1926, realizando colectas científicas de aves. Posteriormente, entre 1952 y 1954, María Koepcke se adentró en la parte alta del valle del río Zaña (o Saña) como parte de sus viajes para realizar investigaciones ecológicas y sobre la zoogeografía de los bosques del lado occidental de los andes peruanos. Durante su paso por las localidades de Udima, La Florida y Taulis, ella registró una serie de especies de aves que no eran hasta ese entonces conocidas de este lado de los andes, pero que eran comunes en los bosques montanos del lado oriental de los andes. Ella publicó sus interesantes observaciones (junto con las de Watkins) en 1961 en la revista American Museum Novitates del American Museum of Natural History, donde reporta un nutrido grupo de especies por primera vez para el lado oeste de los andes del Perú, y entre los que destacan la Pava Negra (Aburria aburri), un crácido que era en ese entonces solo conocido del este de los andes de Perú y Ecuador y de hecho, a la fecha, solo se conoce al oeste de los andes en el Alto valle del Zaña y de Mindo, al oeste de Quito, en Ecuador.

Otra interesante especie que María Koepcke reporta para esta zona, es el Guacamayo Militar (Ara militaris). Ella menciona en su articulo que en los bosques de Taulis, a 3100 metros sobre el nivel del mar aproximadamente, se reportaban bandadas de hasta 50 guacamayos que venían del lado oriental de los andes normalmente entre septiembre y octubre buscando frutos silvestres.

 

Zaña bajo la lupa

El río Zaña discurre de este a oeste, bajando por la ladera occidental de los andes hacia el mar. La parte baja de la cuenca está en el departamento de Lambayeque, mientras que la cuenca alta pertenece al departamento de Cajamarca. Se encuentra situado al norte del valle del río Jequetepeque, el mismo que uno recorre subiendo a la ciudad de Cajamarca; y al sur del río Chancay (llamado Reque en las partes bajas), en el que se encuentra el reservorio de Tinajones y Huaca Rajada, el sitio donde se encontró al Señor de Sipán.

 En la parte baja del valle están las ciudades de Zaña, Cayalti y Oyotún, mientras que si uno se adentra, hacia la mano derecha uno va a La Florida y Niepos y subiendo por la ladera izquierda uno llega a Monte Seco y si sube mas arriba, al caserío de Udima. En la parte mas profunda, al final del valle del Zaña se encuentra el caserío de Taulis. Cerca del nacimiento del río Zaña, nace también el río Chancay.

 Los bosques desde los 1500 hasta los 2500 metros son bastante húmedos, casi como una “Selva”, donde las especies del bosque seco se entremezclan con las de los bosques montanos, y da la impresión de estar justo en mitad bosque seco – mitad bosques montanos de la vertiente oriental. Por debajo, justamente gobierna el bosque seco, y la base de las laderas esta plagada de cactus columnares. Más arriba los bosques se achaparran y retuercen, y la neblina gana espacio y tiempo, y desde los 2500 hasta los 3100, es imperio de los bosques montanos. Arriba de los 3100, los llamados pajonales (o paramos) dominan con su dorado reflejo el paisaje, hasta las cumbres mas altas, alrededor de los 3500 metros.

Alto Zaña 456

 

Nuevos campamentos

Posteriormente a los trabajos de Watkins y Koepcke, el personal del departamento de Ornitología del Museo de Historia Natural Javier Prado, conformado por la Dra. Irma Franke, Letty Salinas, Tatiana Pequeño y María Samamé, visitó la zona, realizando interesantes investigaciones y reportes de aves, tales como el del Semillero Azul (Amaurospiza concolor), avecilla que gusta de andar por los “Surales”, que son concentraciones de la caña llamada localmente “Suro” (Chusquea sp.) y que fuese de aquí, por primera vez reportada para el Perú. Otro interesante hallazgo fue el del Frutero de Pecho Negro (Pipreola lubomirskii), una rechoncha y colorida ave que era también reportada por primera (y única) vez para el lado occidental de los Andes.

Además de las sorpresas en aves, este sitio fue un interesante lugar de donde John Cadle descubrió increíblemente, entre 1987 y 1991, una especie de culebra del género Coniophanes, cuatro lagartijas del género Stenocercus y dos ranas (del género Cochranella y Centrolene) nuevos para la ciencia!!. Por otro lado, durante los años 80’s, el arqueólogo Walter Alva exploró el valle arqueológicamente, encontrando restos muy interesantes de una cultura muy antigua parecida a Chavín y Cupisnique, que registraba en la zona del alto Zaña interesantes complejos como el observatorio astronómico de El Pulpito en Poro Poro y el palacio enterrado en La Grada.   

Esta zona ha sido identificada como un Área de Importancia para la Conservación de Aves según BirdLife International, llamada Alto Valle del Saña, debido a la presencia de Pava Negra, el Frutero de Pecho Negro, la Pava Parda o Barbada (Penelope barbata), la Estrellita Chica (Chaetocercus bombus), el Hormiguero de Cabeza Gris (Myrmeciza griseiceps) y el Limpia-Follaje de Cuello Rufo (Syndactyla ruficollis), estos dos últimos en las fotos de este articulo.

 

Tiempos modernos

Recientemente, la zona ha sufrido el embate de una deforestación agresiva, para convertir la zona en campos agrícolas y áreas de pastoreo de ganado. La zona de Taulis, donde antes se vieron los Guacamayos Militares, no existe mas como bosque, y tampoco se han vuelto a registrar nuevamente estas magnificas aves. Gran parte del paisaje se encuentra como un mosaico de chacras, con pequeños parchecitos de bosque húmedo que pugnan por sobrevivir. Solo una buena porción de este bosque se ha mantenido relativamente intacto en la ladera derecha del valle, entre los caseríos de Monte Seco y Udima.

Myrmecyza grseiceps - Michell Leon

La taza de conversión de bosque en agricultura y pasturas es escalofriante. Las partes con poca pendiente ya están totalmente transformadas en maíz, trigo y cebada en las partes altas, y caña guayaquil en las partes bajas. El ganado vacuno se encuentra pastoreando en la mayoría de los bosques y en las partes más altas, la actividad minera ya deja ver su estela de campamentos y carreteras. Las columnas de humo, señal inequívoca de algunas hectáreas menos de bosque, son innumerables en época seca.

 

Que pasará con el Alto Zaña???

Gracias al empuje de los pobladores de la zona de Udima organizados en el Comité de Gestión de la llamada “Zona de Reserva Udima” (nótese que no dice Zona Reservada, categoría del SINANPE), de los gobiernos regionales de Lambayeque y Cajamarca, del Ministerio del Ambiente y con la ayuda de PROFONANPE, esta zona ha sido recientemente propuesta como una candidata a ser un área natural protegida.

Hace unas pocas semanas, partimos en una expedición a recorrer las partes altas de esta cuenca y la del río Chancay, para recoger la información necesaria para armar el expediente técnico de la propuesta. Encabezados por el botánico Mirbel Epiquien, el fotógrafo de Naturaleza Michell León, el ornitólogo de CORBIDI Segundo Crespo, otros miembros del equipo (antropólogos sociales, arqueólogos, geógrafos)  y yo pasamos unos días explorando este territorio.

Syndactyla ruficollis - Michell Leon

 In situ pudimos comprobar el estado de conservación de la zona, y constatar la importancia hídrica del sitio, ya que en la parte alta de los ríos Zaña y Chancay se genera toda el agua que luego la ciudad de Chiclayo usa para beber; y además, muy buena parte de la que usa para regar los extensos campos de cultivo de las partes bajas, dominados por el Arroz, la Caña de Azúcar y el Algodón. Asimismo, fue grato comprobar que los comuneros de la zona están de acuerdo con conservar estos bosques, lo cual se demuestra en su organización en el comité de gestión.

Felizmente, la conservación de estas “selvas” esta en camino, pues su importancia como fuente generadora de agua la hace impostergable, para asegurar el vaso de agua del futuro, así como el abastecimiento alimentario de la región. Asimismo, la muestra de biodiversidad de este sitio da cuenta de que los ecosistemas de la vertiente occidental de los andes hace mucho tiempo, fueron una sabana continua de bosques secos abajo y húmedos arriba. Con seguridad quedan muchas sorpresas por descubrir en el alto valle del Zaña.   

 

Para mayor detalle, consultar:

Alva, W. 1986. Excavaciones en el Santuario del tiempo formativo Udima – Poro Poro en la sierra norte del Perú. Beitrage zur Allgemeinen und Vergleichenden Archaologie, Munchen – Bonn.

BirdLife International. 2009. Important Bird Area factsheet: Alto Valle del Saña, Peru.

Brack, A. 1986. Las Ecoregiones del Perú. Boletín de Lima 44: 57–70.

Cadle, J. E. 1991. Systematics of lizards of the genus Stenocercus (Iguania: Tropiduridae) from Northern Perú: new species and comments on relationships and distribution patterns. Proc. Acad. Nat. Sci. Phila 143:1–96.

Franke, I., Mattos, J., Salinas, L., Mendoza, C. & S. Zambrano. 2005. Áreas Importantes para la Conservación de las Aves en el Perú. Pp. 471-619 en BirdLife International & Conservation Internacional. Áreas importantes para la conservación de las aves en los Andes Tropicales. Quito, Ecuador: BirdLife Internacional (Serie de Conservación de BirdLife Nº 14)

Koepcke, M. 1961. Birds of the western slope of the Andes of Peru. American Museum Novitates, 2028: 1 – 31.

Salinas, L., Samamé, M. Franke, I. & J. Fjeldsa. 2003. Primer registro del frutero pechinegro Pipreola lubomirskii (Aves, Cotingidae) en la vertiente occidental de los Andes. Revista Peruana de Biología 10(1):93-97.

Salinas, L., Franke, I., Samamé, M. & J. Fjeldsa. 1998. Primer registro de Amaurospiza concolor (Emberezidae, Passeriformes) para el Perú. Resúmenes de la VII Reunión Científica del ICBAR: 107.

14. Cien años después del redescubrimiento de la Pava aliblanca

Julio 9, 2009

Este articulo lo escribí en el año 2004 para una revista editada por PromPerú sobre turismo de aves. Se me ocurrió la idea de publicarlo nuevamente con algunas pequeñas correcciones, puesto que acabo de regresar de un viaje donde estuve viendo pavas aliblancas comiendo flores de pasallo nuevamente, lo que me hizo recordar este artículo. La versión original on-line la pueden revisar en la dirección de abajo.

www.perubirdingroutes.com/NewWebsiteBirds/Site/Spanish/paraiso2004_5.html

Del-Solar-y-O'Neill

Hoy día, muy temprano por la mañana, siento el peso de la historia en mi alma. Y digo “historia” porque creo que no existe otra ave con un trasfondo histórico tan increíble en el Perú, el país de mayor riqueza y diversidad en avifauna del mundo: esa ave es la pava aliblanca. Estoy caminando por la Quebrada San Isidro, el legendario lugar donde Gustavo del Solar y John O’Neill redescubrieron esta pava alrededor de las nueve de la mañana del 13 de septiembre de 1977, hace 32 años. Esta ave, que se creía extinta desde hacía casi un siglo, permaneció escondida en los bosques secos de Tumbes, en la ladera occidental de los Andes. Estas montañas, cubiertas con un tipo de vegetación muy especial y llenas de una gran variedad de aves endémicas son, al mismo tiempo, limitadas en extensión y protección.

Mi guía local, Máximo Paico, me contó que de niño un grupo de “gente extraña” pasó por ahí una mañana temprano y un “gringo” le preguntó los nombres locales de algunos árboles y arbustos que crecían allí, a su lado. Mientras tanto, me lleva al lugar exacto donde esta “gente extraña” vio por primera vez la pava aliblanca (Penelope albipennis), justo cien años después de haber sido descrita. ¿Cómo es posible que un ave tan grande, tan vistosa cuando vuela de la ladera de una montaña a otra, haciendo que las blancas manchas de sus alas brillen cual luna llena y llamando la atención hasta de la persona más indiferente, haya permanecido oculta durante tanto tiempo? Descrita por los Taczanowski en el año 1877 a raíz de un espécimen descubierto por Stolzmann en 1876 cerca de la boca del río Tumbes, esta especie también fue conocida gracias a otros dos especímenes recogidos, uno de ellos en la hacienda Pabur, en Piura.

Después de muchos años sin ningún informe científico sobre esta pava (y ningún escrutinio en la zona) se pensó que había desaparecido, tal como se señaló en importantes publicaciones de la época, como el trabajo de Vaurie, Taxonomía de los Cracidae (Aves), publicado en 1968, y el libro de Delacour y Amadon Curassows and Related Birds, publicado en 1973. Pero fue María Koepcke quien sospechó que la pava aliblanca no se había extinguido y que podría haber sobrevivido en los alrededores de la hacienda Pabur. Cuando conoció a Gustavo del Solar en 1969, lo animó a ir en busca del ave. En esa época, del Solar era un apasionado cazador de venados y un agricultor que cultivaba limones en Olmos, una ciudad en las faldas de la ladera occidental de los Andes.

 Gustavo-del-Solar-y-Sebasti

Durante ocho largos años, del Solar preguntó a la gente que vivía en pueblos cercanos a los Andes sobre un ave del tamaño de un pavo doméstico, solo que mucho más estilizado, totalmente negro, pero con las puntas de sus alas de un contrastante color blanco. Finalmente, un buen día obtuvo la respuesta. Sebastián Chinchay, un hombre de la zona que vive en un pueblo llamado Puerta de Querpón, encontró un ave que respondía a la descripción de del Solar durante una excursión hacia el extremo superior de la quebrada San Isidro, mientras iba en busca de gansos. Entonces se apresuró a la granja de del Solar y le dijo: “Don Gustavo, he encontrado el ave que usted estaba buscando”.

¡La sorpresa no podía ser mayor! Sin embargo, don Gustavo se mostró precavido. ¿Estás seguro, Sebastián?

Él respondió: “¡Sí!”

“¿El ave es azul, con la punta de las alas rojas?” preguntó del Solar.

“No, es negra, con las puntas de las alas blancas”.

“¿Es pequeña como un gorrión?”

“No, es del tamaño de un pavo doméstico”.

“¡Pues bien, vayamos a buscarla!”

Al día siguiente, el 13 de septiembre de 1977, del Solar y O’Neill, que por esos días estaba en Chiclayo, enrumbaron hacia la quebrada San Isidro y, después de tres horas de camino a pie, finalmente contemplaron lo que resultó ser la primera pava aliblanca observada por un científico en cien años. Atraparon una de las ocho aves que vieron ese día y donaron la prueba al Museo de Historia Natural donde, desafortunadamente, María Koepcke no pudo verla, pues había muerto en un accidente aéreo unos años antes.

La coincidencia de que la pava fuera redescubierta justamente cien años después de haber sido descrita hizo que este hallazgo mereciera el título de “El redescubrimiento del siglo”. Después de este suceso, también nos dimos cuenta de que este cracidae endémico de la región tumbesina tenía que ser protegido. El gobierno peruano creó la Zona Reservada Laquipampa (actualmente el Refugio de Vida Silvestre Laquipampa), un área para proteger especialmente las poblaciones silvestres de pavas y dictó varias leyes para asegurar la conservación de esta ave.

En aquella época, del Solar empezó un programa de crianza en cautiverio en Olmos, con el propósito de volver a introducir estas pavas nacidas en cautiverio a su entorno silvestre, evitando su extinción. Ahora, 27 años después, existen cerca de 60 aves nacidas en cautiverio y el Programa de Reintroducción se ha hecho realidad. Este programa empezó en el año 2000 en el Área de Conservación Privada de Chaparrí, y ahora existen alrededor de 20 pavas que viven en libertad y varias más que han nacido así, de padres criados en cautiverio.

Ahora, cuando veo un par de pavas descansando en un árbol Pasallo (Eriotheca ruizi) después de comer sus flores, siento que uno de los grandes retos para el pueblo peruano es asegurar la conservación de esta especie a largo plazo, que es nuestra forma de probar que somos un país responsable de su entorno, de la conservación de su flora y su fauna, capaz de asegurar un desarrollo sostenible. ¿Pero cómo? Una de las formas de ayudar a la conservación de la pava aliblanca, los bosques secos de Tumbes y otras 55 aves endémicas de la región es desarrollando un turismo responsable de observación de aves en la región.

Y se trataría de una visita que no solo buscaría mostrar la rara pava. Existen muchas otras aves altamente especializadas en sobrevivir en un hábitat de cambios tan extremos, que todo observador de aves sabrá valorar. Entre este tipo de aves tenemos: el Colibrí de Tumbes (Leucippus baeri), el Chotacabras de Matorral (Caprimulgus anthonyi), el Limpia-follaje Cuellirrufio (Syndactyla ruficollis), el Rascahojas Capuchirrufa (Hylocryptus erythrocephalus), el Totoroi de Watkins (Grallaria watkinsi), el Pitajo de Tumbes (Tumbezia salvini), el Copetón Rufo (Myiarchus semirufus), la Cortarrama Peruana (Phytotoma raimondii) y el Saltador Capuchinegro (Saltador nigriceps). Es posible encontrar un total de aproximadamente 250 especies de aves; una buena mañana de observación nos permitirá ver unas 80 especies, siendo posible observar la mayoría de ellas solo en esta región.

Estamos hablando, sin embargo, sobre una actividad responsable, que implique beneficios económicos para la población local. De esta manera, todos podrán contribuir a dar valor a los bosques y a las aves que allí viven, un valor mayor que el de talar árboles para leña, la agricultura o el pastoreo. La región de Tumbes, una de las zonas más ricas y amenazadas del mundo merece un futuro mejor, tanto para su gente como para las aves y otros animales que allí habitan.

13. El estuario de Virrilá posee las bandadas más grandes de la costa peruana

Abril 8, 2009

Enclavado entre el enigmático cerro Illescas y el último manglar de la costa occidental de Sudamérica se encuentra el estuario de Virrilá, un área a la cual se le ha prestado poca atención, pero que últimamente está siendo revalorizada debido a su inmensa importancia como refugio de aves acuáticas y migratorias, pues es -con seguridad- el sitio más importante de la costa para estas aves y quizá, el más importante de la costa pacífica sudamericana…

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Según el diccionario, un “estuario” es la desembocadura de un río caudaloso en el mar y se caracteriza por tener una forma semejante al corte longitudinal de un embudo cuyos lados van apartándose en el sentido de la corriente, y por la influencia de las mareas en la unión de las aguas fluviales con las marítimas. En el caso del estuario de Virrilá, éste era la antigua desembocadura del caudaloso río Piura, el cual en algún momento de su historia se desvió cambiando el lugar de su desembocadura y una parte alimenta a los manglares de San Pedro de Vice. Esto dejó una enorme entrada de agua del mar dentro del continente, la cual, debido a la ocasional entrada de agua dulce a través de un ramal del río Piura y a las aguas subterráneas, adquiere el carácter de salobre.

El estuario de Virrilá está ubicado en la provincia de Sechura, 70 kilómetros en línea recta al suroeste de la ciudad de Piura. Justo en la desembocadura de éste en el mar, dentro de la bahía de Sechura, se encuentra la caleta pesquera de Parachique. Cuando uno toma la carretera hacia Bayóvar, ya sea desde Piura o desde Chiclayo, pasa por un puente y desde donde se le puede apreciar en toda su dimensión.

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 Visto desde la avioneta

En 1986, Morrison y Ross, del servicio canadiense de vida silvestre, hicieron un sobrevuelo de toda la costa de Sudamérica dentro de su estudio para determinar los sitios más importantes para aves migratorias neárticas. Los resultados los publicaron en 1989 en el Atlas de las aves playeras neárticas en la costa de Sudamérica. Ellos encontraron en la costa de Perú, más de 115 mil aves playeras, lo que representaba el 53% del total de la costa pacífica del sur.

Para graficar la cantidad de aves playeras que había en cada tramo de la costa peruana, ellos usaron unos círculos de diferentes tamaños, siendo el más grande de 1,5 cm de diámetro, el cual representaba una cifra de entre 20 001 y 40 mil aves acuáticas; 10 001 – 20 000 aves eran representadas por un círculo de 1,3 cm, y así sucesivamente hasta que el círculo más pequeño representaba una concentración de entre 1 y 50 individuos.

Luego de que Morrison y Ross recorrieran toda la costa peruana, el único sitio donde colocaron un círculo de 1,5 cm fue en estuario de Virrilá. Aquí se encontraron 31 325 aves. El segundo sitio con mayor número de aves fue la playa entre Pacasmayo y Chicama (11 156 aves) y el tercero fue la boca del río Pisco con 9 034 individuos.  

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 Aves por doquier

El estuario de Virrilá es un sitio privilegiado para las aves acuáticas. Sus amplias playas con aguas poco profundas favorecen su estancia, tanto de las acuáticas como marinas, residentes y migratorias. Miles de pelícanos, gaviotas (residentes y migratorias), gaviotines (Gaviotín Real, Elegante y de Patas Negras en la foto), cormoranes, zarapitos trinadores, rayadores, flamencos, playeros y chorlos se alimentan y descansas en sus aguas y orillas. Incluso, las elusivas Agujas Moteadas se asientan en sus aguas poco profundas (En la foto, Limosa fedoa) en busca de alimento para continuar su migración de miles de km.

Caminar por sus alrededores o en sus aguas poco profundas, es un placer indescriptible. Las bandadas de aves se mueven como una masa de tonalidades blancas, uniforme y compacta, bulliciosa y con vida, formada por diminutas partículas, las cuales son en realidad, gaviotines y otras avecillas. “Pajarear” en este lugar es simplemente increíble. La variedad de hábitats que contiene, desde la orilla de playa, el estuario mismo en sus diferentes tramos hasta los bosques secos de sus alrededores, hacen de un par de días aquí un tiempo corto para terminar de explorar y disfrutar el sitio.

El estuario de Virrilá, además, es una caja de sorpresas. En el 2006, Nathan Senner (en la foto, junto con Tom Schulenberg), estudioso de las aves playeras americanas, publicó un articulo en la revista Cotinga, donde reportaba por primera vez para el Perú, la presencia del zarapito (Numenius americanus).

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La importancia de Virrilá

Además de los reportes de Morrison y Ross, el Centro de Datos para la Conservacion de la Universidad Nacional Agraria La Molina (CDC – UNALM), llamó la atención sobre este sitio. En su publicación de 1992 sobre el estado de conservación de la diversidad natural del noroeste del Perú, listaba entre los sitios de interés para la conservacion de la biodiversidad, al estuario de Virrilá, con la categoría de “Prioridad de Conservación Muy Alta”.

Este sitio ha sido recientemente declarado como un Área de Importancia para la conservacion de Aves (IBA) por BirdLife International, debido justamente a que concentra grandes cantidades de aves acuáticas y migratorias. Con seguridad, el sitio cumple con los requisitos para ser un sitio RAMSAR y además, formar parte de la Red Hemisférica de Reservas para Aves Playeras (WHSRN).

Si alguien tiene duda de que las cifras de aves acuáticas en Virrilá obtenidas en 1986 fueron anecdóticas, un golpe de suerte o un hecho asilado, es bueno saber que recientes censos hechos por diversos investigadores reportan en los años 2006 y 2007, cifras de más de 35 mil aves acuáticas. En una visita que hice en febrero de este año de dos días únicamente, pude contar más de 15 mil aves, sin cubrir todo el estuario completo. 

La importancia de Virrilá como lugar de concentración de aves no ha escapado de la visión del Grupo de Conservacion de Flamencos Altoandinos (GCFA). Este grupo, a través de uno de sus miembros en el Perú, David G. Ricalde, ha declarado recientemente a Virrilá como uno de los sitios con las más altas concentraciones de Parihuanas (Phoenicopterus chilensis) en el Perú, con cifras de entre 12 a 15 mil individuos. Es por eso que el GCFA Perú ha considerado incluir a Virrilá como Sitio Importante para la Conservación de Flamencos Altoandinos.

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 En pro de su conservación

Existen felizmente varias propuestas de diferentes organizaciones e individuos para conservar el estuario de Virrilá. Desde el Proyecto de Ley Nº 4952/98-CR presentado por los congresistas Pedro Vilchez Malpica, Genaro Colchado Arellano y Eusebio Vicuña Vásquez en 1999 a la comisión de Ambiente, Ecología y Amazonía del congreso, en el que solicitaban que se declare Área Natural Protegida a la zona ecológica denominada Illescas y Virrilá, hasta propuestas más articuladas como las de Perú Verde y APECO.

En la actualidad, quien ha tomado la batuta en la conservacion de este sitio es el Gobierno Regional de Piura, a través de su gerencia de recursos naturales a cargo de Augusto Zegarra Pezo, que está trabajando arduamente para obtener el expediente técnico que le dé la categoría de Área de Conservacion Regional por el SERNANP, a través de una consultoría financiada por el Proyecto PAN II – Componente Bosque Seco de PROFONANPE, a través de la cooperación alemana (KfW). Dicha consultoria es ejecutada por NCI con la colaboración de BirdLife International.

 Futuro

El estuario se encuentra muy cerca del terminal de Bayóvar, donde finaliza el oleoducto nor-peruano y se almacena el petróleo para luego ser embarcado. Los riesgos de derrame de petróleo son inherentes a esta operación, por lo que se debe tomar todas las medidas necesarias para evitar estos accidentes.

De la misma forma, los famosos fosfatos de Bayóvar vienen siendo explotados por el proyecto Bayóvar, de la Compañía Minera Miski Mayo. Este es un proyecto minero no metálico que considera la explotación del yacimiento de fosfatos, su procesamiento para producir concentrados y el embarque para exportación. Es necesario tener el máxima cuidado de no interferir en la dinámica de aguas del estuario, para que tanto las profundidades del agua como la concentración de los microorganismos que son el alimento de las aves, no varíe de forma tal que cause la disminución de los números de aves que actualmente alberga Virrilá.

Mientras tanto, una buena idea sería colocar algunos miradores para poder gozar de un mejor panorama en el estuario, trabajar en la señalización del lugar para los visitantes y establecer un programa de monitoreo de aves migratorias, para poder determinar sus lugares preferidos y poder actuar en reducir las amenazas que sobre estos se ciernan. Virrilá es un sitio bastante accesible y vale la pena visitarlo.

 Para mayor detalle, consultar:

BirdLife International. (in prep.) Important Bird Areas Americas: a blueprint for conservation. Quito, Ecuador: BirdLife International. (BirdLife Conservation Series No.16).

Centro de Datos para la Conservación – Universidad Nacional Agraria La Molina (CDC-UNALM). (1992). Estado de la Conservación de la Diversidad Natural de la región noroeste del Perú. Centro de Datos para la Conservación – Universidad Nacional Agraria La Molina. Lima (Perú). 211 Pp.

Morrison, R. I. G. & R. K. Ross. (1989). Atlas of Nearctic Shorebirds on the Coast of South America. Vols. 1 and 2, Can. Wildl. Serv. Spec. Publ., Ottawa.

Senner, N. R. 2006. First record of Long-billed Curlew Numenius americanus in Peru and other observations of Nearctic waders at the Virilla estuary. Cotinga 26:39-42.

12. El Birdfair Peruano: Una tradición que empieza a nacer

Diciembre 16, 2008

Con esta última, ya son dos las Ferias de Turismo de observación de aves y naturaleza que se han realizado en Perú. La primera tuvo como sede Tarapoto en el 2008, y la segunda Chiclayo, la cual finalizó hace poco. La tradición se está forjando y con ello, el Perú como destino de Birdwatchers y la afición se afianza entre los peruanos.

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Los antecesores de las ferias
La más famosa de todas las ferias de aves del mundo se llama British Birwatching Fair (BBWF, Feria Británica de Observación de aves, http://www.birdfair.org.uk/) y empezó en 1989 en Rutland, Inglaterra. Los gestores de esta tradición fueron Martin Davies y Tim Appleton, quienes aún hoy continúan organizando año a año dicha feria y colaborando con otras similares en otros países del mundo.

El BBWF, el cual se realiza en agosto de cada año, recibe anualmente cerca de 18 mil visitantes y tiene 300 stands. En esta feria se venden los artículos más modernos y variados para la observación de aves y naturaleza como telescopios y binoculares, más toda clase de accesorios desde tapitas para los lentes hasta los más finos trípodes. Libros, cd’s de cantos, revistas, esculturas, pinturas y mucho mas se encuentra por doquier. Los stands de agencias de birwatching abundan, ofertando los destinos más insólitos del mundo para ir a ver aves. Guías top, sentados explicando los tours, buscan atraer a los interesados. Desde sus inicios hasta hoy, el BBWF ha recaudado en alquileres, entradas y otros, alrededor de £ 1,400 000, los cuales han sido destinados a proyectos de conservación en todo el mundo, incluido el Perú (para la pava aliblanca y el colibrí cola de espátula entre otros), a través de BirdLife International.

 

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Perú en el Birdfair
Entre los puestos del BBWF del 2007, Perú tenía una esquina privilegiada. En la entrada de una de las carpas, lo primero que uno podía ver era el stand peruano. Ahí, el actual viceministro de Turismo, Pablo López de Romaña, Gunnar Engblom, el que escribe y otros, representando cada uno a su agencia, Omar Carbajal de PromPerú y otros aliados, entre ellos un magnifico pisco sour, se encargaban de vender nuestro país como destino de observadores de aves. Por otro lado, Barry Walker también hacia lo suyo desde la carpa de las agencias de peso y Thomas Valqui daba una charla mientras tanto. Gracias a la afanada promoción del Perú a cargo de PromPerú y las agencias y de la ubicación del stand, ganamos el premio al mejor stand del BBWF 2007, y en las fotos se ve cuando estamos recibiendo la premiación de manos de Davies y Appleton y el stand de Perú mostrando orgulloso su galardón. En años anteriores, el Perú ha venido participando en la feria y este año también, y con seguridad lo seguirá haciendo, buscando abrir mercado al gran potencial que tenemos para este tipo de turismo.

La versión peruana del BBWF
En septiembre del año que pasó, fue la primera feria de naturaleza y observación de aves del Perú. Gracias la visionaria idea de algunos y al decidido apoyo de PromPerú, se trajo a 16 invitados, entre ellos, muchos operadores de tours de aviturismo de alrededor del mundo, y se les repartió en tres tours, los cuales confluyeron en el hotel Puerto Palmeras de la ciudad de Tarapoto desde Iquitos, Chiclayo y Cajamarca. Varias agencias peruanas tuvieron oportunidad de vender tours y negociar con los extranjeros en la feria. Asimismo, John O’Neill hacia la presentación del recientemente publicado libro Birds of Perú, mientras que Martin Davies y Tim Appleton conversaban amenamente con los asistentes.

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La semilla estaba sembrada, y la continuidad era importante. Es así como en este 2008, se dio la segunda feria, esta vez en la ciudad de Chiclayo, donde confluyeron tour de cuatro destinos: Iquitos, Tarapoto, Tumbes y La Libertad-Cajamarca. Esta vez hubo una capacitación para operadores locales a cargo de Beltrán de Ceballos el primer día, y una bolsa de negocios entre los operadores extranjeros y nacionales por la mañana y solo nacionales en la tarde del segundo día, antes de que los operadores partan nuevamente, separados en nacionales y extranjeros, a recorrer los distintos destinos de Lambayeque, el anfitrión esta vez.

Esta segunda feria tuvo además del empuje de PromPerú y del Mincetur, un actor muy importante: El CONAVE. Este consejo Noramazónico de turismo de observación de aves y naturaleza, que es un conglomerado de agencias de viaje, operadores turísticos, hoteleros, guías, ONG’s, agencias del gobierno central y regionales e interesados de las ocho regiones del norte del Perú (Tumbes, Piura, Lambayeque, La libertad, Cajamarca, Amazonas, San Martin e Iquitos), bregó durante todo el año para que esta feria sea realidad.

Futuro
Donde será la siguiente feria es un misterio aun aunque ya hay candidatos empeñosos. Tanto PromPerú como CONAVE tienen la ardua tarea de empujar y lograr que la III Feria sea una realidad. Es agradable ver como esto empieza a interesar a cada vez más operadores y empresas de turismo. Asimismo, es alentador ver como ya se venden buenos binoculares en la feria a precios perfectamente asequibles, y que además estos son comprados. Como se va popularizando la observación de aves en el Perú es alentador…

11. La paz de las grallarias: donde el hombre y las aves armónicamente confluyen, publicado el 19 de octubre de 2008

Octubre 20, 2008

Ángel Paz le preguntó a la persona que se retiraba de su equipo con el que jugaba voley en Nanegalito, Ecuador, porque lo hacía tan temprano. Este le respondió que se debía a que al día siguiente tenia que manejar para llevar a un grupo de Birdwatchers a ver un “lek” de Gallitos de la Peña (como les llaman en Ecuador al Gallito de las rocas), y para esto, debía levantarse a las 4 de la mañana, por lo que se tenía que retirar temprano a descansar.

Angel le pregunto porque se iba tan lejos, si el mismo, en su cercana plantación de tomate de árbol (aquí le decimos berenjena serrana), tenía un parche de bosque con otro lek de estas coloridas y apreciadas aves. El chofer del carro de turistas le pidió a Angel que hiciera una trocha hasta este lek y que le diría a su jefe, el dueño un “Lodge” cercano, que fuera a visitar el sitio cuando la trocha estuviera lista.

Y Angel así lo hizo. Junto con su hermano, sacaron un sendero al lek de los gallitos, a donde llegó el primer grupo de turistas exitosamente a verlos. En el camino de regreso, Angel le dijo al guía del grupo que le iba a enseñar unos pajaritos que él había acostumbrado a comer al llamarlos. Empezó a gritar a voz en cuello: “Pancho!!!!!!!!!!!….”, “María!!!!!!!!……..”. No pasaron muchos minutos hasta que aparecieron en el sendero, un par de Grallaria gigantea (Giant Antpitta). El guía y el resto del grupo quedaron boquiabiertos y estupefactos!!!!!!

La grallaria gigantesca
El Giant Antpitta es un ave que ocurre en Colombia y Ecuador y que fue recientemente redescubierta (en los 90’s) luego de permanecer décadas sin ser registrada. Es una especie muy apreciada por los tours de birdwatchers y todo un espectáculo de observar debido a su gran tamaño.

Como así, este señor podía llamar a las antpittas por su nombre?? Angel Paz, mientras hacia la trocha para el lek de los gallitos, se sentó con su hermano a comer. Mientras almorzaban, vieron pasar a estas grandes grallarias cerca, y Angel les tiró un pedazo de carne de su pan. Una de las grallarias se acercó con curiosidad y se lo comió. Angel le dijo a su hermano: Yo me voy a hacer su amigo.

Con el tiempo, angel desarrolló toda una relación con estas aves, aprendió que comían lombrices y con esto las alimentaba. Empezó a entrenarlas para que hicieran su aparición ante los atónitos birdwatchers, una vez que supo que estas aves eran la delicia de estos turistas especializados. Además, empezó a entrenar a otras especies de grallarias como Grallaria flavotincta (Yellow-breasted) y Grallaria alleni (Moustached).

Obviamente, su sitio se hizo rápidamente famoso entre los birdwatchers, quienes se pasaban la voz de un sitio donde un señor llamaba a las grallarias por su nombre. Por su lado, Angel, quien decidió apostar por el turismo y no convertir el resto de su terreno en chacras, tuvo resistencia por parte de sus hermanos, quienes lo tildaban de loco por creer que esto era más rentable que el tomate de árbol.

Una experiencia inolvidable

Cuando Angel nos pasó a recoger a las 4 de la mañana de la casa de Alejandro Solano, un guía costarricense que vive en Ecuador, Eugenio, André y yo, un argentino, un brasilero y un peruano, cogimos nuestras mochilas y trepamos a la tolva de su camioneta pick-up nueva. Nos dirigimos por la oscuridad y cuesta arriba hasta un punto en el que empezamos a caminar aún a oscuras. La trocha era empinada y barrosa, pero con buenos peldaños y una cuerda para sujetarse. Así si se podía caminar a oscuras. Y a oscuras llegamos al escondite donde al amanecer vimos al lek de los gallitos de la peña. Ambos, brasileño y argentino, estaban encantados con esta ave que no hay en sus países.

Una vez culminado este espectáculo, empezamos a regresar por una trocha, donde Angel sugirió llamar a sus amigas, un grupo de codornices de monte, las Dark-backed Word-quail (Odontophorus melanonotus), que cariñosamente había bautizado como las “Spice girls”. Angel las llamo y ellas no tardaron en aparecer sobre el sendero, para recibir la comida que este les tiraba. Luego, tal como vinieron, se fueron.

Mientras nosotros aún no terminábamos de creer lo que pasaba en frente nuestro, el hermano de Angel nos avisó que las grallarias estaban cerca. Angel empezó a llamar a María, pero ella no apareció, sino su hijo (ver foto), quien en la trocha se dedicó a comer lombrices. Al rato, apareció si, Maria, quien en vez de comer, almacenaba las lombrices en su pico. “Debe estar con crías” nos dijo Angel.

Esta increíble experiencia fue precedida de una visita al territorio de una Grallaria flavotincta que Angel recién estaba entrenando y que se mostró un poco desconfiada al comienzo, pero golosa de lombrices al final, lo que nos dejó unas muy buenas vistas de estas aves, muy difíciles de observar en estado silvestre. El tour terminó con un delicioso desayuno (incluido en los 10 dólares que pagamos por el tour) luego de deleitar la vista con el sinnúmero de colibríes que revoloteaban en los bebederos que Angel había colocado y otras aves que pudimos ver en los alrededores de este bosque húmedo de la vertiente occidental. Es decir, este paisaje cubierto de bosque tropical húmedo en la cara de los andes que da al mar, es como probablemente Chosica o Matucana se verían si no fuese por la corriente fría de Humboldt (ver foto).

Conversemos de conservación

Por supuesto que con la cantidad de visitas que recibe Angel, nadie le tiene que convencer que debe conservar estos bosques para las aves. El está convencido de esto, pues le conviene más el bosque en pie que tenerlo como una finca de berenjena serrana. Así se ganan hectáreas para la conservación de una forma convincente. Y ni qué decir de la tienda de souvenirs que ha instalado en su casa de la finca (tiene otra en Nanegalito por su puesto!), donde compré un par de polos con las fotos y los nombres de las grallarias que acababa de ver, y donde me tomé una foto con mis amigos observadores de aves, nuestro guía y por supuesto, Angel (ver foto).

Esta experiencia ya se ha empezado a replicar en el mismo Ecuador, donde Angel ya ha entrenado a un “tigre” para que muestre al Jocotoco Antpitta (Grallaria rigelyi) en la reserva de Tapichalaca, y estoy seguro que pronto acá en Peru tendremos nuestras primeras grallarias entrenadas.